Brujas: la “Venecia del norte” la llaman. Será por sus canales y puentes que la atraviesan y a los que debe su nombre, ya que “Brug” significa puente en flamenco o neerlandés.

Su casco histórico ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad, y no es para menos, porque su belleza hace de ella una ciudad de cuento de hadas. La más visitada de Bélgica con una media 3 millones de turistas al año.

Una hora en tren separa a esta ciudad de la capital. Desde la estación caminaremos 10 minutos hasta llegar al centro de reunión de visitantes y locales, la bellísima Grote Mark, punto de partida de nuestro recorrido, y del de casi todo el mundo…, pues desde allí se puede tomar un carruaje de caballos para hacer una ruta por la ciudad, aunque nosotros somos más de explorar los rincones a pie.

En la Grote Mark, además de sus preciosas casitas medievales de fachadas triangulares y coloridas, podemos ver el Palacio Provincial, el Mercado Cubierto “Le Halle” y la Torre Belfort, cuya base parte del anterior.

Después de contemplar la plaza decidimos patear de mañana para sacudir el frío, así que poco a poco nos fuimos alejando del casco histórico para bordearlo. Salimos por Vlamingstraat, torcemos hacia Academiestraat y llegamos a la Plaza Jan Van Eyck. En el centro, una estatua en honor al importante pintor del siglo XV, que junto con su hermano es autor de la “Adoración del Cordero Místico” de la Catedral de Gante. Este lugar es un importante enclave de la historia de la ciudad, pues era donde los barcos atracaban para despachar la mercancía en la aduana. Detrás se ubica “La Lonja de los Burgueses” o “ Poortersloge”, un edificio con una llamativa torre, construido entre los siglos XIV y XV y que tenía por objeto ser el punto de encuentro entre comerciantes y burgueses para hacer negocios.

Seguimos caminando hasta llegar al canal de “circunvalación” de la Brujas medieval. En nuestro paseo por el Parque Kruisvest nos topamos con curiosos puentes, embarcaciones y molinos, ¡lástima una bicicleta!.

También nos encontramos con alguna puerta medieval (de la Santa Cruz). Hay otras tres: la puerta de Gante, la del Asno y la del Mariscal.

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De nuevo dentro de la ciudad, visitamos la Plaza Burg, justo al lado de la Grote Mark. Si la primera te sorprende, esta no se queda atrás, y en ella tres edificios:

  • El Ayuntamiento: gótico flamenco del siglo XIV que refleja el poder de la Brujas medieval tanto por fuera como por dentro.
  • La Basílica de la Sagrada Sangre: Templo de estilo gótico tardío. Su planta baja es más la antigua, románica del siglo XII. En su interior como reliquia se guarda en el altar mayor en un tarro un pañuelo con la sangre de Cristo que conservó José de Arimatea.
  • El Palacio de Justicia: Actualmente museo que alberga los archivos históricos de la ciudad. Debe su nombre a que fue sede del Tribunal de Justicia desde el siglo XVIII hasta el siglo XX. También se puede visitar su interior.

Al salir de esta plaza bajo el arco, llegamos al Muelle del Rosario “Rozenhoedkai”, uno de los lugares más emblemáticos y fotografiados de Brujas. Allí tendremos la oportunidad de tomar un barquito y hacer un recorrido de media hora por los canales del Dijver. Hay varios embarcaderos.

En mi afán por fotografiarme en un lugar tan bello, encontramos a un voluntarioso gallego que amablemente se ofreció para ello: “se queres sácocha eu“. Era un chico de Ourense que había venido a visitar a su familia emigrada en Bélgica, ¡qué ilusión encontrarse con un paisano! y es que siempre hay un gallego en la luna

Explorando nuevos rincones, encontramos el Museo Gruuthuse, un palacio gótico del siglo XV que perteneció a una rica familia que lleva el mismo nombre. En la misma zona se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora, en cuyo interior destaca “La Madonna con hijo” de Miguel Ángel y el Museo Groeninge, que alberga obras maestras de pintura flamenca.

Un puente separa a éste de los anteriores, se trata del Puente Bonifacio, un romántico rincón en el que recrearse, y que se ha dedicado a un español: Juan Luis Vives, precursor de los Servicios Sociales y autor de “El socorro de los pobres” 1526. Mediante este tratado, este humanista proponía que fuesen los poderes públicos los que tratasen de raíz la pobreza mediante la elaboración de un censo de pobres, que se llevó a cabo en esta ciudad, para posteriormente aplicar medidas que la atajasen.

En la edad media la atención a las personas desfavorecidas se hacía a través de obras de caridad o limosnas de los pudientes, que pretendían con ello purificar su alma, y que no hacían al mismo tiempo más que perpetuar situación de necesidad, ejerciendo la iglesia de mediadora entre ricos y pobres. Ejemplo de ello son las “Casas de Dios o de la Caridad” o “Godshuis”, conjunto de pequeñas casas de color blanco similares a las de las Beguinas, que construyeron los burgueses ricos en el siglo XIV para los ancianos pobres.

Hablando de caridad, otro de los rincones que esconde la ciudad es el “Beaterío “o “Begijnhof”, un conjunto de casas que fueron habitadas entre los siglos XII y XIV por unas mujeres, que sin ser monjas llevaban un estilo de vida dedicado a la oración y atención a los necesitados, y que semeja ser un remanso de paz.

Desde el Beaterío se puede iniciar un romántico paseo de unos 20 ó 30 minutos alrededor del lago del amor o “Minnewater”.

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Seguro que aún queda algún maravilloso lugar por descubrir, pero para un día no ha estado mal ¿no?

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