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Pantalón desmontable por la rodilla y camiseta tapando los hombros, que para entrar en los lugares de culto, ya se sabe…

Aún así, me compré un pañuelo en las inmediaciones de la parada de metro de Ottaviano en un puesto ambulante, por si hubiese problema con los brazos…

Serían las 8:30h ó 9:00h y la cola para entrar a los Museos Vaticanos bordeaba todo un lateral y poco le faltaba para llegar a la Plaza de San Pedro. Alrededor vendedores avispados hacían el “agosto” con la “reventa”, “yo te paso por 35, 38, 40 euros “.

Tanto te digo una cosa, como te digo la otra: tal como ayer nos salió redonda la visita gratis a Foro-Palatino-Coliseo, aquí pagamos la “turistada”. Y es que esperar dos horas de pie con un sol de justicia… ¡era insoportable!, así que después de varios envistes de estos “vendedores”, acabamos cayendo en las redes de una. La chica nos llevó a una oficina en la que compramos la entrada por 35 ó 38 euros por cabeza, no me acuerdo, pero bastante más de lo que si se compra en taquilla u online. Así que muy importante: reservar (aquí) para evitar tremenda cola o bien acudir a partir de las 13.00h por lo menos…

Se trataba de una especie de “agencia” en la que formaban grupos con guía para la entrada rápida. A un lado los hispanos y a otro los de habla inglesa. Tonino, el guía, nos pone una pegatina a cada uno y allá vamos. Pasamos un control de bolsos y mochilas, al igual que en un aeropuerto, ¡ah claro, es que estamos en otro país! Por cierto, las mochilas recomendó el guía, pasarlas bajo el brazo como si fuese un bolso…

Una vez arriba, nos explicó a grandes rasgos las instalaciones: Pinacoteca, Restaurante (como no, observen las terrazas en la foto), Exposición de Carruajes, Museos de Arte Etrusco, Griego, Egipcio…etc…, y “río humano”, es decir, pasillo lleno de gente que nos llevará a las Estancias de Rafael y posteriormente a la Capilla Sixtina, y que una vez metidos en esa marabunta de gente, ya no habrá marcha atrás…

Empezamos entonces por la Pinacoteca. 18 salas con obras pictóricas distribuidas por orden cronológico, desde la Edad Media al siglo XIX. Les echamos un vistazo rápido pues sólo con lo que hay allí podríamos estar todo un día. Con todo lo que hay en los Museos Vaticanos, toda una vida.

Muy cerca del restaurante hay unas escaleras que bajan hacia la sala que alberga los distintos medios de transporte que utilizaban los pontífices. El “Pabellón de los Carruajes”, relativamente reciente, pues se realizó por orden de Pablo VI en los años 70. Alberga desde “sillas ceremoniales” hasta el actual “Papamóvil”, incluyendo el “cuatro latas” del Papa Francisco I.

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A quien por cierto, se nota que le gusta el fútbol.

Echamos  también un rápido vistazo al Museo Pío Clementino de 12 salas dedicadas a la exposición de esculturas griegas y romanas, entre los que destacan el Laocoonte y sus hijos y el Apolo de Belvedere (ambos a la izquierda).

Museo Gregoriano Egipcio, que debe su nombre al Papa Gregorio XVI, y que alberga colecciones asirias, egipcias y de Mesopotamia. Lo más impresionante, para mi, las momias de la sala 2, no perdérselas.

Tomamos camino hacia el pasillo que bautizamos como “río humano“. A ambos lados, la “Galería de los Mapas” que representan los estados italianos y las posesiones de la iglesia en el siglo XVI. De un lado las zonas bañadas por el Adriático y del otro, las bañadas por el Tirreno y Ligur.

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Y ahí, ya nos dejamos llevar por el “mogollón” sin poder ver más que el techo, casi hasta que llegamos a las Estancias de Rafael, cuatro salas decoradas por el artista.

Y por fin, ¡¡¡tantatachán….!!! La Capilla Sixtina:

Que debe su nombre al Papa Sixto IV, que fue quien ordenó su restauración a pintores como Botticelli y Miguel Ángel (destaca “El Juicio Final” de éste) entre otros. Están prohibidas las fotos pero… todo el mundo las hace, al igual que también te apuran para que permanezcas en ella el menor tiempo posible, pero todo el mundo se queda en una esquina contemplándola. La verdad, a mi me decepcionó un poco, es de estas imágenes que has visto tantas veces en los libros que cuando la ves en vivo y en directo, te da la sensación de que es algo cotidiano…, también ayuda el hecho de que no puedas observarla con la calma que quisieras, pues el gentío y el apremio de los vigilantes te lo impide…

Fuera de los Museos parece que se respira aire puro…, acabas emborrachándote de ver tanto arte junto…

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Un ascensor te eleva a la cúpula de la Basílica de San Pedro. 5 ó 7 euros, depende de los peldaños que quieras subir… yo después de estar 4 ó 5 horas de pie, los menos posibles. Tomé el ascensor, que te deja en una especie de terraza en la que tienes que subir unas escaleras por fuera y entras en un pasadizo, por un lado las escaleras que te llevan a la cúpula por dentro.

Por el otro, que a poco más me bajo y no lo veo, el pasadizo estrechísimo con las escaleras, y aquí sí que son peldaños y peldaños…

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que te llevarán a la cima desde la que se observan las famosas vistas de la Plaza de San Pedro y de parte de la ciudad, ¡menos mal que me di cuenta!, porque perdérmelas sería imperdonable…

Abajo de nuevo, pasamos a visitar la Basílica de San Pedro, el primer Papa, y en su interior: el Baldaquino de Bernini, la Piedad de Miguel Ángel, la Estatua de bronce de San Pedro sentado, la Tumba del Papa Juan Pablo II.

Dentro podemos acceder a un sótano en el que se encuentran las tumbas de algunos pontífices, del primero por ejemplo, que fue el Apóstol San Pedro o de Juan Pablo I.

Ya en la plaza, vemos a la Guardia Suiza manteniendo la seguridad del Estado de la Ciudad del Vaticano.

La Plaza, de Bernini, en forma elíptica y con 284 columnas, representa los brazos de la Iglesia abrazando a los peregrinos que la visitan. 140 estatuas coronan la cima de las columnas y en el centro, el obelisco del Circo de Nerón, que fue trasladado a ésta por orden de Sixto V.

En la Plaza también se pueden ver oficinas de correos, y es que al ser un estado independiente, tienen sello propio y parece ser que es típico enviar postales desde aquí. Y por supuesto que se pueden comprar postales, rosarios y demás… ¡será por tiendas! Jesús echó a los fariseos del templo por andar mercadeando en él, pero aquí, en el Estado del que dicen ser “el representante de Dios en la Tierra”, no se aplica esto… ¡paradojas de la vida!

Bueno, ya son las 17:00h pasadas y habrá que buscar algo que comer así que ¡arrivederci Vaticano!

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