Desde Split podemos tomar un ferry a la isla de Brac. La compañía Jadrolinija nos acerca a la isla en una hora ó 50 minutos y por el equivalente en Kuna (moneda local) a 5 euros por persona, y 20 euros en caso de llevar coche. No es necesario reservar ni con auto ni sin él, y salen con frecuencia del puerto.

Llegamos a Supetar y en el puerto ya se acercaban los taxistas ofreciendo viaje a la playa Zlatni Rat, la más turística de la isla, en la localidad de Bol. Hay una pequeña estación de autobuses muy cerca, así que mi recomendación es mirar los horarios e intentar ir en ellos. Nosotros tuvimos suerte y en apenas 20 minutos ya pudimos cogerlo.

 

Otra hora de viaje a Bol .Durante el trayecto pudimos observar el árido paisaje de la isla: cantera de blanca piedra caliza y pequeñas poblaciones muy dispersas. Si os acercáis a ésta en coche, desde el punto más alto del Monte Vidova Gora podéis disfrutar de las bellas vistas a la playa Zlatni Rat, que significa cuerno de oro, haciendo alusión a su forma. Dependiendo de por donde sople el viento, la punta de la lengua de arena va hacia la izquierda o hacia la derecha.

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Desde el pequeño pueblo de Bol se puede ir andando a la playa de Zlatni Rat, aproximadamente unos 2 ó 3 km, pero también hay un trenecito, por si preferís ir sentados. Nosotros optamos por ir un poquito a pie y otro poquito andando por un caminito junto al mar y bajo la sombra de los árboles. A la derecha hoteles, restaurantes y demás negocios hosteleros…

La playa, como las otras, aparenta ser de arena, pero no os equivoquéis, también está formada de pequeñas piedrecitas que hacen pupita en los pies. Baño de agua y sol durante un par de horitas y de vuelta a Supetar.

Quedaba poco más de una hora para tomar de nuevo el ferry de vuelta a Split, así que aprovechamos para visitar Supetar e incluso darnos el último baño del día. Poco más de 3000 habitantes tiene la “capital” y mayor localidad de toda la isla, que aunque esté poblada, su dispersión geográfica es brutal. El topónimo deriva de “Sveti Petar” que significa San Pedro y en cuyo honor se erigió la iglesia que hoy está dedicada a la Anunciación de la Virgen María. A su lado derecho, la Torre del Reloj, a su lado izquierdo el Museo de la misma.

Una azada a modo de “farola” también nos sorprende por su originalidad.

Además de ésta, llamó nuestra atención el cementerio, y sobre todo el gran Mausoleo de la familia Petrinović, emigrados fuera de Croacia, y que a juzgar por las dimensiones y ornamento del panteón al que se mudaron, una vez pasaron a mejor vida, bien seguro que hicieron fortuna y quisieron construirla en su lugar de origen, y con el material por excelencia de la isla: la piedra caliza. La obra es del escultor Rosandić de Split y así como el pozo que se sitúa detrás.

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No tiene pérdida, se sitúa en el cabo San Nicolás, un bucólico lugar que fácilmente se divisa desde el puerto. La iglesia del cementerio hace honor a éste santo.

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Los edificios del puerto, construidos durante la dominación austríaca, conforman el Paseo Marítimo y recubren el centro entre rural y urbano.

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