Las vistas aéreas en la noche ya nos dieron una idea de la “embergadura” de esta impresionante ciudad. No es una ciudad europea como otras, sino que es la más poblada del continente. No se puede precisar el número de habitantes, se habla de 14 millones de censados, pero puede haber como 4 ó 5 millones más, a saber…

Aterrizamos a las 22:20h de la noche procedentes del aeropuerto de Cardak (Denizli), tras pasar el día en Pamukkale. Habíamos contratado un servicio de recogida a través de puntos de Travel Club en furgoneta (en teoría compartida, aunque sólo nos vinieron a recoger a nosotros) por 32 euros y 475 puntos (de ida y vuelta los dos). El aeropuerto de Sabiha Gökçen, el segundo en tráfico aéreo de Estambul y generalmente destinado a los vuelos internos del país, está ubicado en la parte asiática, aproximadamente a una hora y 15 minutos del “Cuerno de Oro”, donde habíamos reservado habitación y desayuno en el Best Nobel Hotel para 6 noches por 252 euros y 2000 puntos de la Travel (que ya hay que sudar para conseguirlos…) . Muy muy bien de precio, puesto que en esa zona los hoteles son bastante caros. La única pega que le pongo es que la habitación era bastante pequeñita, pero para el tiempo que íbamos a pasar en ella…, por lo demás muy bien, buen desayuno y sobre todo, ubicación perfecta.

El primer día en Estambul lo dedicamos a recorrer el barrio de Beyoglu, concretamente el recorrido es el siguiente:

El barrio de Beyoglu está situado al norte del “Cuerno de Oro” y separado de éste por el puente de Atatürk ó de Unkapani y por el famoso Puente Gálata, que fue el que atravesamos para iniciar nuestro recorrido. En el puente a diario se sitúan, desde primeras horas de la mañana, un montón de pescadores. Ahí están hasta que anochece. Bajo el puente hay cantidad de restaurantes en los que sirven bocadillos de pescado, así como puestos callejeros en las inmediaciones, concretamente en el muelle de Eminönü.

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El puente debe su nombre a la Torre de Gálata, una de las más antiguas del mundo. Originariamente bizantina y llamada la “Gran Torre”, fue construida en madera para servir de faro. La actual no es la misma que la antigua, pues estaba en un lugar diferente y fue destruida durante la Cuarta Cruzada en el siglo XI. Los genoveses la reconstruyeron en 1348 apodándola “Torre de Cristo”,y siendo la fortificación más alta de la ciudadela de Gálata. Durante el imperio otomano se utilizó como torre de vigilancia, así como sirvió de cárcel para prisioneros de guerra. Su parte superior cónica fue restaurada en varias ocasiones.  Hoy en día es un lugar emblemático que hace de magnífico mirador, pues ofrece unas espectaculares vistas de la ciudad y del Bósforo. En las plantas superiores hay restaurante, cafetería, así como un local para espectáculos turcos. No preocuparse, pues aunque tiene una altura de casi 70 metros (a 35 sobre el nivel del mar) y nueve plantas, no es necesario subir escalones, hay dos ascensores al público. Está abierta desde las 9.00h de la mañana a las 20.00h.

La próxima parada sería en el Museo de la Inocencia, una visita totalmente prescindible y muy poco habitual para la mayoría de los visitantes de la ciudad, si no fuera porque Emilio un mes antes se había leído el libro del escritor premio Nobel 2006 Orhan Pamuk.

El Museo de la Inocencia es un libro que relata una historia de amor entre un hombre adinerado y su prima. Más que amor es una obsesión que le lleva a éste a acumular objetos de su amada. Y hasta aquí puedo contar. El caso es que el museo, que lleva el mismo nombre que el libro, lo puso en funcionamiento el protagonista de esta historia real y en él se exponen los objetos que año tras año fue recopilando: cucharillas de café, peinetas, vestidos, hasta colillas clasificadas por fechas…, un verdadero fetichista. Y rico, porque dedicó un buen dinero a montar el museo así como a encargarle, nada menos que  a un premio Nobel de la literatura, que le escribiese su historia.

Callejeando llegamos hasta el Hotel Pera Palace, un alojamiento con historia. Fue fundado a finales del siglo XIX como hotel de lujo destinado a acoger a personalidades que venían a la ciudad. Ya contaba con luz eléctrica, ascensores y agua caliente entre otras prestaciones que para la época eran innovadoras. Se cree que en él la escritora Ágata Christie escribió “Asesinato en el Oriente Express” en la habitación 411, apodada con el nombre de la escritora, así como un restaurante. Otros personajes a los que dió alojamiento fueron, por citar algunos: Pierre Lotti, Ernest Hemingway, Alfred Hitchcock, Greta Garbo, Eduardo VIII, el Emperador Franz Joseph y Atatürk, cuya habitación preferida, la 101, ha sido convertida en museo, albergando objetos que fueron de su pertenencia. Por cierto, no le debe su nombre a una fruta, nada tiene que ver. “Pera” significa en turco “del otro lado”, para referirse así al barrio de Beyoglu, que efectivamente está al otro lado del “Cuerno de Oro”.

¿Quién no ha oído hablar de la Plaza Taksim? El corazón de la ciudad moderna y centro de manifestaciones, reivindicaciones y cualquier jaleo público, también es el lugar favorito para celebraciones sociales. Debe su nombre a ser el centro de distribución de agua para toda la ciudad hasta el siglo XX, pues “taksim” significa en turco distribución. En un lateral se puede ver una pared con varias fuentes.

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En el centro de la plaza se erige el Monumento a la República, que conmemora el quinto aniversario de la fundación de la República de Turquía en 1923.

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De Taksim sale la calle Istiklal (Istiklal caddesi), por la que es de obligado cumplimiento transitar o bien recorrerla en el nostálgico tranvía que la atraviesa. Famosa por su actividad comercial, se trata una calle peatonal en la que podemos encontrar fundamentalmente  multinacionales de ropa.

Paseando por Istiklal nos encontramos un patio que antecede a la iglesia católica de San Antonio de Padua. Se trata de un templo neogótico reconstruido a principios del siglo XX.

En un lateral de la principal Istiklal también encontramos el Balik Pazari, donde el rey es el pescado. Una gran variedad a la venta y numerosos restaurantes para su disfrute. También podemos encontrar especias, souvenires o cualquier otra cosa.

Serían las 16.00h cuando empezamos a comer, y aún nos queda parte de la tarde para recorrer la ciudad, así que atravesamos de nuevo el Puente Gálata dejando atrás Beyoglu. En el camino nos encontramos unos trileros a lo turco que intentaban convencer a unos cuantos chavales de meter el balón entre los tres paquetes de tabaco. Materialmente imposible, que ya sabemos que todo eso tiene truco…, pero de este modo algunos se ganan la vida, y otros se devanan los sesos intentándolo…

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Eminönü estaba abarrotado, un ir y venir de gente, puestos de comida callejeros, vendedores ambulantes,  bullicio dentro de un orden, así es Estambul…., y es que estamos ante el principal muelle donde se puede tomar los ferrys (al sur del puente Gálata) para ir a distintas zonas de la ciudad, de ahí que haya numerosas personas se te acerquen ofreciéndote hacer un crucero por el Bósforo al grito de: ¡¡¡Bósforos, Bósforos!!!, ¡¡¡Bósforos, Bósforos!!!

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Pero antes de llegar a esta explanada habrá que pasar por un pasadizo subterráneo para salvar el obstáculo de una carretera, en el que se encuentran varias tiendas y puestos ambulantes, principalmente de ropa de imitación de marcas.

Además del muelle de los ferrys, en esta zona se encuentra el Bazar de las Especias o Bazar Egipcio, que pese a ser un martes antes de las 19:00h ( abre a diario de 9:00h a 19:00h, excepto los domingos, que cierra), se encontraba cerrado. Y gracias a ello conocimos los puestos de alrededor, algo realmente espectacular: un mercadillo de aves, perros, salamandras y otros reptiles vivos de toda clase, comida para ellos, alpistes y demás, semillas y hasta sanguijuelas como remedio para los males…, puedes pedirle al hombre que te la aplique allí mismo…, realmente impresionante.

En la misma zona se encuentra la Mezquita Nueva, New Mosque (en inglés) o Yeni Cami (en turco), que contemplamos desde fuera, pues no íbamos vestidos para la ocasión (pantalones cortos, camisetas de tirantes…), ni tampoco sabíamos que para ello, en las mezquitas más visitadas, como es en este caso, te prestaban unos pañuelos para tapar piernas, cabeza y hombros…

Seguimos callejeando sin rumbo. Nos adentramos en las calles del barrio de Fatih, en el llamado “Cuerno de Oro”. Merodeamos los alrededores de la Mezquita de Süleyman, encontrándonos calles tan pintorescas como esta.

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También nos dejamos perder por las calles que rodean al Gran Bazar, donde los vendedores ambulantes también intentan hacer su agosto. Hay tantos como dentro del Gran Bazar, y se vende de todo: ropa, recuerdos, cacharros de ferretería, etc…

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Y así, poco a  poco se nos fue echando la noche encima, y con ella, la visita al Parque de Sultanahmet, para sentarnos en la hierba y contemplar la fuente de colores que está en el centro, así como para disfrutar de su ambiente nocturno.

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