1º DÍA

Tras haber pasado un día en Utrecht, teníamos por delante otros tres para conocer Ámsterdam.
Nos despertó el olor a café. Al igual que el día anterior, le habíamos pedido a Hannie, nuestra anfitriona de Airbnb, que nos dejase el desayuno a las 8:00h, pero el cambio horario nos despistó y se nos pegaron las sábanas.
Tras despedirnos de Hannie y su marido, tomamos camino a la Estación Central de Utrecht y en 30 minutos de tren nos plantamos en la capital. Por cierto, hay trenes con una frecuencia de 20 minutos entre ambas. Os dejo enlace de la página de trenes de Holanda. Ni que decir tiene que cuentan con una red ferroviaria modernísima y a todo confort. Llamadme paleta, pero a mi me hace chiste eso de que los trenes tengan dos pisos…

Creo que alojarnos en el Amstel Botel fue un acierto, ya no sólo por el precio (116 euros +3362 puntos de la Travel Club por dos noches en habitación doble con baño privado y desayuno, y en periodo de máxima afluencia turística), sino porque nos permitió conocer la zona norte de la ciudad, que de no ser así, seguro que no visitaríamos. Pinchad en Amsterdam Noord: arquitectura de reciclaje y veréis lo curioso que es este lugar. Un ejemplo es el barco reconvertido en hotel en el que nos hospedamos, situado en el antiguo astillero NDSM (NDSM TERREIN en el mapa) al que se accede gratuitamente por ferrys que conectan la zona norte con la Estación Central. Los hay cada cuarto de hora aproximadamente, desde bien temprano hasta casi medianoche (los horarios están colgados en el enlace anterior). No obstante, el hotel ofrece un servicio de shuttle para los clientes, en caso de querer disfrutar de la noche.

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Antes de nada, una cuestión: ¿compensa comprar la I amsterdam City Card? Pues teniendo en cuenta lo que queríamos hacer y ver, la respuesta es no. A nosotros no nos convenció mucho pues no entra ni la casa museo de Ana Frank, ni la entrada al Rijksmuseum, para la que sólo te ofrece 2 euros de descuento. No obstante, ahí queda el enlace…
Dicho esto, lo primero que hicimos fue, siguiendo el canal Singel, dirigirnos a la casa de Ana Frank, pero aún no bien habíamos llegado ya nos echamos las manos a la cabeza de la larga cola que había, así que declinamos la idea rápidamente. Otro día.
Tomamos camino a la Plaza Dam, donde se encuentra: la Nieuwe Kerk (iglesia nueva) del siglo XV, testigo de bodas reales y coronaciones, y que actualmente se utiliza como sala de exposiciones; el Palacio Real; el museo de cera Madame Tussauds, primera sucursal del londinense fuera del Reino Unido; y el Monumento Nacional de piedra blanca erigido en los años 50 en memoria de las víctimas de la II Guerra Mundial.

 

 

Cerca está el famoso Barrio Rojo, una de las principales atracciones turísticas de Ámsterdam. Me resulta curioso ver a las chicas contoneándose sensualmente dentro de escaparates a cualquier hora del día, al mismo tiempo que por allí pasean familias con niños como si tal cosa,  como si de tiendas de ropa se tratase. Me provoca cierto rechazo e incomodidad, no sé si por la falta de costumbre, el hecho de que las mujeres estén expuestas como productos consumibles. Pero el caso es que sus condiciones laborales son bastante mejores que las que ejercen en otros países. La prostitución es legal en Holanda desde 1911, y en el año 2000 se prohibieron los burdeles, por lo que las prostitutas son autónomas, ello no quiere decir que los escaparates sean de su propiedad, sino que es común que tengan que pagar un alquiler, además el número de éstos está limitado. También deben someterse a revisiones médicas periódicas, por su bien y el bien común. Vamos, que putería sí, pero todo por lo legal. Por cierto, está prohibido sacarles fotos a las chicas, y esta vez sí que hice caso a esta recomendación, pues puede ser que un fulano grande como un armario salga a darte un revés y te destroce la cámara y la cara.

Y en medio del lujurioso Barrio Rojo, una iglesia para redimir los pecados. La Oude Kerk (iglesia vieja) es el edificio más antiguo de Ámsterdam datado del siglo VIX como capilla de madera, que con el paso del tiempo se ha convertido en una basílica gótica. Eso e sí, para no olvidarse de donde estamos, en el empedrado del suelo y muy cerca de la entrada principal, una escultura de un pecho femenino simboliza a las mujeres que venden su cuerpo, y una mano masculina sobre él, que podemos pensar que representa a su clientela. Esto es un decir, ya que su autor no se ha pronunciado, es anónimo y la escultura apareció de la noche a la mañana.
oude kerk

 

Después de una comida exprés visitamos la iglesia por dentro. La entrada a 8,5 euros a pagar con tarjeta, pues no aceptan cash. Hacen entrega de dos cartulinas plastificadas: una con un plano de la iglesia señalando por números y colores las tumbas y losas conmemorativas, las vidrieras dedicadas a pasajes de la vida de la virgen, las pinturas de las bóvedas de madera (del siglo XV) y el mobiliario para el culto protestante, y otra con la explicación de las anteriores en el idioma que elijas. A decir verdad, la visita al interior me resultó un poco pesada, pues al principio intentamos seguir los puntos y leer la explicación de cada uno, pero satura un poco…, a mi por lo menos. Su interior ser quedó sin decoración a mediados del siglo XVI debido al movimiento iconoclasta, ya que los calvinistas saquearon las iglesias y destruyeron cuadros y estatuas. Ante el escaso mobiliario, lo más destacado es el órgano mayor. Como curiosidad, comentar que la mujer de Rembrandt está enterrada en ésta, mientras que el pintor yace en la Westerkerk.

 

Una tienda de preservativos llama nuestra atención, como ejemplo del comercio de la zona. Su nombre es Condomerie y podemos encontrarla en la Warmoesstraat 141. Se trata de la primera tienda del mundo especializada en preservativos: masculinos, femeninos, de distintos tamaños, sabores, empaquetados de distintas formas (en piruleta), lubricantes, etc…, hasta una máquina para medir su resistencia tienen. No se pueden hacer fotos en su interior, pero he robado alguna con el móvil…, je, je…

 

Justo al lado, en el 143, visitamos otro curioso negocio, el Greendayz Coffee, un local donde se pueden comprar y degustar productos elaborados con cannabis: cakes, chocolates, infusiones y demás. Yo me compré un chupa-chus (2 euros).

Nos dirigimos a visitar el Templo  Guan Yin antes de que cierre, a las 17:00h. Por cierto, su visita es gratis. Es el primero que se construyó en Europa y no desentona nada de su entorno, ya que se encuentra en el Barrio Chino.  Está plagado de restaurantes orientales.

Paseamos por este reducto oriental, en el que podemos observar hasta inscripciones en chino, el nombre se las calles, por ejemplo.

 

La calle Zeedij, donde se encuentra el templo, nos conduce a la plaza del Nieuwmarkt (nuevo mercado). En el medio, un edificio que en su día formó parte de la fortificación de la ciudad, convertido hoy en el restaurante “In de Waag”.

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Desde allí tomamos rumbo a la plaza Spui. En nuestro camino, y a la altura de la Westermarkt, donde se encuentra la casa de Ana Frank, nos topamos con el Homomonument, un monumento dedicado a quienes han sido discriminados por su condición y orientación sexual. Se compone de tres triángulos equiláteros de granito rosa: dos colocados en en suelo y un tercero sobre el canal Keizersgracht. Entre todos forman un triángulo mayor donde cada uno de ellos hace de vértice del que forma el conjunto. Su forma se basa en el símbolo del triángulo rosa que los homosexuales detenidos en los campos de concentración debían portar durante la época nazi, y que posteriormente fue adoptado por el movimiento de liberación gay. Cada triángulo apunta a hacia un lugar significativo de la ciudad: uno a la casa de Ana Frank, otro al Monumento Nacional de la II Guerra Mundial de la Plaza Dam, y el tercero a la sede de la COC holandesa (asociación para la integración de la homosexualidad).

Al llegar a la plaza Spui nos sorprendió un chaparrón y casualmente nos metimos en un bar español ¡vaya por Dios!, del que salimos sin tomar nada porque tardaron en atendernos y no les debió gustar mucho que le ocupáramos la mesa para sólo tomar dos cafés (el resto de la clientela comía), así que ni café ni cena, que no nos apetece cenar a las 18:00h de la tarde.

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A pocos pasos se encuentra el Begijnhof, un patio fundado en la Edad Media con casitas adosadas que albergaban a un grupo de mujeres dedicadas a la oración y a hacer obras de caridad.
Lo encontramos cerrado, pues abre a diario de 8:00h a 17:00h, y claro, ¡¡¡dónde iban ya las 17:00h de la tarde!!! Abordamos a un hombre que abría el portal y cedió ante nuestra insistencia, ¡¡¡buena la hizo!!! Porque detrás de nosotros se metieron otros, y otros, y luego otros…
Nada más entrar y a mano izquierda tenemos en el nº 34 la Het Houten Huis, fundada en 1528 y probablemente la casa más antigua de Ámsterdam, que aún hoy conserva la fachada de madera. Hoy en día no viven beguinas pero sí mujeres solas. Es una propiedad privada, así que se pide silencio en su visita, por cierto, gratuita.

Después de dejar al hombre con el marrón de tener que detener a la muchedumbre que se le agolpaba para ver el patio, tiramos recto por la calle Spui hasta llegar a las casas okupas. Una cuestión que me llama la atención de Ámsterdam es que la “okupación” se ha legalizado, siempre y cuando se sigan una serie de pasos y requisitos:

  1. Que la casa sea “okupable”, para lo que se harán las averiguaciones pertinentes.
  2.  La ejecución de la okupación, para lo que se necesitan tres enseres básicos: una cama una mesa y una silla.
  3. Comprobación por parte de la policía de que la casa ha sido okupada, y que en ella vive gente.

Para ayuda y orientación en esta materia existen las “Kraak Spreekuur”, o lo que es lo mismo, asambleas de okupación.

Otra vez nos ha vuelto a sorprender la lluvia, así que buscamos un sitio para tomar una cerveza y un café (2,80 euros mismo precio ambos), mientras perfilamos el planning del día siguiente. Al salir pasamos de nuevo por el Barrio Rojo para ver en ambientillo nocturno.

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Y para cenar elegimos un tailandés del Barrio Chino. No sé qué tienen esas salsas, están riquísimas…mmm…
El día de mañana empezará muy temprano, ya que si queremos visitar la casa de Ana Frank tenemos que madrugar, así que enseguida nos retiramos al hotel. Aún había que hacer el check-in que dejamos pendiente por haber llegado antes de las 14:00h.

2º DÍA

A quien madruga Dios le ayuda, dice el refrán. Pues hoy ¡¡¡a las 6:45h!!! Porque el desayuno del buffet del hotel no lo perdonamos…
Una vez en el ferry, Emilio se percató de que se había olvidado el móvil en el hotel, así que decidimos dividirnos: él esperaría al siguiente ferry e iría a buscarlo, y yo iría a la cola del Ana Frank.

Ayer leímos algún consejito sobre cómo entrar sin esperar demasiado. A día de hoy ya se pueden comprar las entradas online en la página web (aquí), es más, sólo podrán visitarla de 9:00h a 15:30h aquellos que ya tengan la entrada de antemano. Nosotros no tuvimos esa suerte. En internet te encuentras gente que ha hecho verdaderos estudios de la cola: que si hace un “zig – zag”, dos horas no te las quita nadie…, que si hace esta otra forma u otra tienes “x” tiempo de espera… Resumiendo: el caso es estar media hora antes de que abra, es decir a las 8:30h para entrar entre 9:00h ó 9:30h. Llegué a las 8:30h y me coloqué al final de la cola, que ya llegaba a la oficina de turismo… ¡tela marinera! La gente, aún adormilada, esperaba con café en mano. Sobre 45 minutos o una hora fue lo que me llevó,  pues a las 9:30h ya estábamos dentro. Y podría haber sido antes, ya que  aún esperé unos 10 minutos a Emilio desde que compré los tickets (9 euros por persona).

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El madrugón mereció la pena y quedamos encantados con la visita (os dejo el enlace aquí). Entiendo que no todo el mundo sintiese la misma emoción que yo, que desde que  en el colegio me leyeron un fragmento del diario me sentí atraída por la historia de esa niña, que junto a su familia y a otros judíos más, se vio obligada a vivir escondida en el cautiverio de una pequeña buhardilla para evitar la muerte a manos de los nazis. Lástima que tuviese un triste final. Pero el caso es que yo la primera vez que leí el libro era una adolescente y no me percaté tanto de la desesperación y el miedo que tuvieron que pasar, sino que me centré más en la “historia de amor” entre Peter, el hijo de la otra familia  que también compartía cobijo con los Frank, y Ana.
La visita está diseñada con muy buen gusto. Se exponen escuetos vídeos en los que se relata su vida y que nos dan una idea de lo que tuvo que pasar esa gente. No se hace pesado. Lo bueno si breve, dos veces bueno. Por cierto, está prohibido hacer fotos en su interior…

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Al salir nos cobijamos de la lluvia en la puerta de la Westerkerk. Se puede visitar su campanario y ver la ciudad desde las alturas. Lástima que sólo se pueda subir unos meses al año ( de abril a octubre).

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En el país de los tulipanes no se puede dejar de visitar el mercado de las flores. En una plataforma flotante del canal Singel a la altura de la Munnttoren (torre de la moneda) se sitúan los puestos de venta de flores, semillas y plantas, en los que podemos encontrar desde los típicos saquitos de bulbos de tulipán, que por cierto, me traje uno con 10 bulbos de colores varios  (3,5 euros), hasta semillas de cannabis. También es una buena zona para comprar souvenirs.

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La Munnttoren formó parte de la fortificación amurallada de la ciudad y en ella se acuñaban monedas antaño, de ahí que se le llame Torre de la Moneda. No puede visitarse su interior.

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Paseamos por la zona, y antes de llegar a la animada Rembrandtplein, nos encontramos un peculiar y majestuoso edificio, el Teatro Tuschinski, que alberga hoy un cine. IMG_20160328_133202
Callejeando encontramos varias personas agolpadas frente a la puerta de un hotel. No eran nacionales, bien se veía porque eran de tez muy morena. Preguntamos, y por una mujer supimos que esa gente eran compatriotas marroquíes en Holanda que esperaban la salida de su Rey del hotel en el que se hospedaba. No nos quedamos y continuamos andando hasta la intersección entre el río Amstel y el canal Herengracht. A la derecha encontramos el Muziektheater y el Puente Blauwbrug, y a la izquierda el Magere Brug (puente delgado). Un puente que originariamente era de madera y difícilmente podía atravesarlo más de una persona al mismo tiempo, pero a finales del siglo XIX fue sustituido por uno más amplio.

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Atravesamos el Blauwbrug y buscamos en las inmediaciones del Waterlooplein la Sinagoga Portuguesa, aunque no llegamos a entrar, pues 15 euros nos pareció excesivo. Así que tomamos camino a la Estación Central para coger el autobús hacia Volendam, Edam y Marken.
Ya en la Estación Central hay que subir a la primera planta, pero antes habrá que comprar los billetes abajo, donde se compran también los del tren. Preguntamos por el “Waterland“, que es un billete único que te permite viajar por los distintos lugares de la zona durante todo el día por 10 euros, en autobús claro. El barco de Volendam a Marken no está incluido.

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El trayecto desde la Estación Central a Volendam dura unos 20 minutos. Los autobuses salen con mucha frecuencia.
Comimos en Volendam, un precioso pueblo de pescadores. Paseamos por el puerto desde el que podemos divisar, allá a lo lejos, las casitas de la isla de Marken, y desde donde podemos tomar un barco hacia ésta y viceversa. Fijaos en la curiosa imagen de la Virgen presidiendo el puerto. Y es que aquí la mayoría de sus habitantes son católicos, se nota ¿no? Hay una capilla dedicada a Nuestra Señora de las Aguas en un parque del pueblo. También hay un museo sobre su historia y vestuario donde los visitantes pueden fotografiarse con los trajes típicos holandeses, pero ojo, que cierra a las 17:00h.

 

Hacia media tarde nos dirigimos a Edam, un pueblecito muy pequeño conocido por su producto estrella: el queso.

Desde Edam a Marken habrá que hacer trasbordo en Monnikendam. Gracias que nos coincidió bajar de un autobús y subir a otro.
La isla de Marken, ahora península, está unida a tierra por una estrecha carretera en aguas del Ijsselmeer. Lo bueno de hacer el trayecto en autobús es que te permite ver cómo los holandeses le han ganado terreno al mar, pues a la ida, y al lado izquierdo, podemos observar un muro de tierra para evitar que el mar inunde la carretera y deje incomunicada la zona.
Marken también es un pueblo de pescadores en el que destacan las pequeñas casas, muchas de madera del siglo XV asentadas en elevaciones para impedir que sean inundadas. Debido al carácter turístico de la zona, podemos ver a su gente vestida con traje regional y con los típicos zuecos de madera. Es conocido también por el fabricado artesanal de este calzado.

 3º DÍA

Hoy iniciamos el día con la visita al Rijksmuseum, así que para llegar desde la Estación Central tomamos un tranvía a Leidseplein, y desde allí fuimos andando a la Museumplein, una explanada donde se concentran los grandes museos de la ciudad: el Van Gogh, el Diamond Museum (de los diamantes), el Stedelijk Museum (Museo Nacional de Arte Moderno) y el  Rijksmuseum. ¿Y por qué éste y no otro? Pues porque es el principal museo de la ciudad y del país, como decir el Louvre de París o El Prado en Madrid, pero en versión holandesa, y porque además el Foro Europeo de Museos lo ha premiado en 2015 como el mejor museo de Europa. Y pudimos comprobar que no es para menos. Hace un recorrido en la historia del arte del país contando con obras de Vermeer, Rembrandt, Breitner, etc… Este fue uno de los motivos por los cuales nos decantamos por éste y no por el Van Gogh, que no digo que no esté bien, pero Emilio tuvo ocasión de visitarlo hace 10 años y tiene el recuerdo de que muchos cuadros no eran originales. Aclarado esto y teniéndolo tan claro, ya compramos las entradas en la página web (aquí ) desde casa para evitar colas. El precio son 17,5 euros.

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No exagero si digo que la visita rápida de cada planta nos puede llevar entre una hora u hora y media, excepto la moderna que es más pequeña. Teniendo en cuenta que el museo se distribuye en 3 plantas, echadle la cuenta…, ¡¡5 horas!! estuvimos nosotros, toda la mañana. Os dejo el enlace del recorrido por el interior del museo aquí.

Comimos en el barrio de Pijp, en un japonés próximo al mercado Albert Cuyp, el más grande de la ciudad y que tiene lugar a diario (excepto  el domingo) desde las 9:00h a las 17:00h. Aquí encontraremos además de ropa, bicicletas, electrodomésticos y demás, tanto nuevos como de segunda mano, sí, sí, también electrodomésticos de segunda mano. También encontraréis tenderetes donde sentarse a comer, puestos de comestibles, y cómo no, de quesos típicos. También tendréis oportunidad de probar las stroofwaffels recién hechas, mmm…

Dimos un breve paseo por el Voldenpark, el principal pulmón de Ámsterdam de 48 hectáreas. Un parque al estilo inglés con estanques e islas que sirve de lugar de recreo a numerosos locales y visitantes para tumbarse a descansar, tomar algo, hacer un picnic o dar un paseo en bici. Por cierto, hay un negocio de alquiler de éstas en la Max Euweplein, Mac Bike, al lado del Paradiso, pero ojo!! No despistarse porque cierran a las 17:45h, así que si llegáis tarde, os las podrán recoger en un párking que hay al lado, pero que os clavarán recargo en la cuenta, eso es seguro…

Después del paseito tomamos un tranvía en Leidseplein hasta Estación Central y con el mismo ticket cogimos un autobús para el Nemo. La idea era subir arriba para contemplar las vistas, ya sabíamos que estaría cerrado, pero que se podría acceder a la parte superior. El caso es que nos equivocamos, y aunque vimos desde fuera a algunas personas en las gradas de arriba, esa gente serían empleados o simplemente visitantes que agotaban los últimos minutos, no sé. Así que dimos una vuelta por las inmediaciones, donde también está el Museo de la Navegación.

Nos dirigimos a la Estación Central para tomar el ferry hacia el hotel y recoger allí el equipaje, y de nuevo a la Estación para coger el tren a Schiphol. El vuelo tenía prevista su salida a las 22:20h, pero nosotros ya estábamos allí dos horas antes. Se retrasó y en lugar de llegar a las 00:50h llegó a las 1:45h. Suficiente puñeta, pues el último autobús desde el aeropuerto a Santiago sale a las 1:30h, así que tomamos un taxi junto con una pareja de argentinos que también se encontró con la misma situación, y así compartimos gasto (27 euros total). El viaje había llegado a su fin, así que ¡hasta la próxima!

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