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El día que viajé a La Habana fue el más largo de mi vida. No porque lo pasara mal ni mucho menos, sino porque no se daba puesto el sol. Salí de Ourense con día a las 8:30h de la mañana rumbo a Madrid en tren, y eran las 00:00h y seguía siendo día, y las 1:00h ¡¡a las 2:00h empezó a anochecer!!!

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Llegamos a Madrid a las 13:04h y tomamos un tren a la T4 desde la Estación de Chamartín. Por cierto, que con el billete de tren Ourense-Madrid nos salió gratis el viaje desde la estación al aeropuerto. Presentando el billete en taquilla para hacer la gestión, encontramos a una chica de nuestro pueblo, siempre hay un gallego en la luna…

El tren a la T4 sale del andén 10 ó 11. Allí encontramos un señor de rasgos marroquíes o tunecinos que buscaba tomar un avión a Fuerteventura, pero ni tenía billete, ni sabía horarios, ni compañías ni nada. Lo acompañamos a un punto de información. Ojalá le haya ido bien.

Despegamos algo más tarde de las 17.30h y aterrizamos más o menos a las 22:00h (hora cubana) en La Habana. Tras rellenar impreso de declaración en aduanas y esperar tremenda cola para cambiar dinero, tomamos un taxi. La primera en la frente: cerramos precio de 25 CUCs. Al llegar le dimos 30 CUCs y el muy condenado dijo que no tenía cambio, tras intentar buscar una solución, al final desistimos y le dimos los 30, si llega ser ahora…., pero el cansancio hace que no sepas donde tienes la mano derecha. Son las 5:00h españolas y quieres dormir…

Wilfredo y el “guardero” (como ellos le llaman) de los andamios de las obras de la Embajada de España nos estaban esperando para llevarnos a la casa de Marcia, nuestra anfitriona en La Habana. Una mujer educadísima y correctísima. Por cierto, cuidado con esto: a veces hay algunos que hacen que esperan a turistas para llevarlos a la casa que tienen apalabrada, y al final los llevan a otra. Pregunté a qué casa nos llevaban, Wilfredo respondió: “está Marcia esperándolos arriba”. Nuestra habitación y vistas al Parque Mártires del 71 y a la Embajada de España.

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Parque Mártires del 71, torre de la Embajada de España

El jetlag no nos afectó en absoluto porque dormimos lo que quisimos y aún eran las 7:00h de la mañana… A las 8:00h pasamos al salón a tomar ese tremendo desayuno preparado por Marcia, compuesto de frutas, zumo natural, queso, embutido, tortilla francesa, mermeladas, tostadas, café con leche, mmm…

Lo primero, ir al Hotel Sevilla a mirar si era posible que nos acercaran el coche que teníamos alquilado para dentro de dos días, sin necesidad de ir al aeropuerto a recogerlo. No pudo ser…

Cerca está el Museo de la Revolución, pero al querer comprar las entradas (16 CUCs las 2) con 20 CUCs, la mujer de la taquilla dijo que no tenía cambio, con lo que estallé: ¿pero qué pasa que en este país que no tenéis nunca cambio o qué? Ya escarmentados del taxista del día anterior… Nos fuimos.

Al salir encontramos a un “bicitaxista” llamado también Wilfredo con el que conoceremos La Habana vieja. Somos más de andar y perdernos en las calles, pero tanto calor y el chiste que nos hacía ir en esa bicicletilla hizo que nos decidiésemos. Eso sí, pactando precio primero: 5 CUCs por hora y persona (a ver qué se le ocurre a éste para timarnos…), 2 horas 20 CUCs no le damos un duro más…

Comenzamos el recorrido en el parque de los Mártires del 71, haciendo honor a los estudiantes que mataron en 1871 como castigo por profanar supuestamente la tumba de Gonzalo Castañón, un periodista español y españolista, asesinado a manos de un cubano en la segunda mitad de siglo XIX, justo en la época en la que España y la isla tenían una relación muy conflictiva y cuyo desenlace sería la independencia de ésta última a finales de siglo.

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Pedaleando por Cuba Tacón, la parte del Malecón que da a la Habana Vieja, llegamos a la Plaza de la Catedral, pero antes pasamos por la calle  Empedrado, donde la “Bodeguita del “Miedo“, como la llamaba Wilfredo, aún no había abierto sus puertas.

En fachada de la Catedral llama a atención, a simple vista, que las torres situadas a ambos lados son diferentes, sin atender a una simetría. La plaza la componen, además de ésta, otros edificios coloniales como el Palacio del Conde Lombillo, antigua oficina de correos, en cuyos soportales se apoya la estatua del bailarín español Antonio Gades, vinculado a la isla únicamente por afinidad política, amigo de los Castro. Sus cenizas están enterradas en el Mausoleo de los Héroes de la Revolución Cubana. Otros dos palacios componen la plaza: El del Marqués de Arcos y el de los Marqueses de Aguas Claras ¡Qué belleza!

Wilfredo sigue pedaleando hasta la Plaza Vieja, antiguamente llamada nueva. En la esquina entre la calle Mercaderes y Teniente Rey, arriba del amarillo Edificio “Gómez Vila”, se encuentra la “Cámara Oscura”: un periscopio y un conjunto de espejos que reflejan sobre una pantalla cóncava imágenes de hasta 5 km a la redonda y desde la que podrás avistar todo el encanto de La Habana Vieja. Aunque las mejores vistas de la ciudad las encontraremos desde la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña. En la Plaza Vieja también encontraremos el Planetario.

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Al doblar la esquina del Edificio “Gómez Vila”, en la calle Teniente Rey, se encuentra la “Zanja Real” o Acueducto de La Habana, construido entre los años 1565 a 1592. Consistía en un trayecto de 11 kms que hacía que las aguas se distribuyeran mediante una red de encañados a fuentes públicas, y mediante otros ramales, para el abasto de instituciones religiosas, a la Corona y a propiedades privadas. Curioso, pero ahora es un camión cisterna el que abastece de agua a los edificios de la ciudad, no teniendo sus habitantes agua potable en sus casas, por lo que, para su consumo, tienen que hervirla y/o filtrarla. Wilfredo nos aconseja consumir agua embotellada. Nos recomienda lugares para comprar botellas de 5 litros e ir rellenando botellas más pequeñas, como forma de ahorro, pues vaticinó que gastaríamos mucho dinero en agua en nuestra estancia en el país. No se equivocó nada.

Recto iremos a parar a la calle Oficios y a mano derecha nos toparemos con el Convento de San Francisco de Asís, y la plaza que lleva su mismo nombre. A quien le interese la pintura le resultará interesante visitar la casa de la pintora Carmen Montilla.

Wilfredo sigue pedaleando y contándonos cosas de Cuba, esta vez sobre la sanidad: refiere que el trato de los médicos con los pacientes es exquisito, y que si un paciente hace una queja formal hacia un médico, éste sería muy sancionado, incluso podría perder su empleo. Presume de la sanidad cubana hasta tal punto que asegura que ya tienen la cura del cáncer, pero que como no tienen dinero, no se puede llevar a cabo. A saber…

La próxima parada es el Museo del Ron Havana Club, donde un grupo de cubanos amenizaban el bar ya de mañana y sacaban a bailar a turistas. Tomamos un mojito y evidentemente invitamos a Wilfredo, que nos estuvo aconsejando qué Ron comprar para llevarnos a casa. No hicimos mucho caso, ya tendremos tiempo en estos 15 días…

Ya fuera, bordemos el Túnel de La Habana para terminar el paseo cerca de la Plaza de Armas. Nos aconsejó que no nos perdiéramos el cañonazo que tiene lugar a diario a las 9:00h en la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña. Nos indicó dónde tomar el ferry a Casablanca (siempre el de la parte izquierda) y que a la vuelta tomásemos un taxi porque la cosa ya se pone fea a esas horas por esa zona y puede resultar peligroso.

Nos sorprendió que el recorrido pasara de las 2 horas convenidas y no quisiera aprovecharse de ese cuarto de hora a mayores. Sólo pidió los 20 CUCs convenidos, así que por portarse bien le dejamos propina.

La Plaza de Armas está flanqueada por El Templete, edificio en forma de templo dórico erigido donde se cree que se fundó la ciudad, el Castillo de la Real Fuerza y el Palacio de los Capitanes Generales o de los Gobernadores Coloniales, convertido hoy en museo. Entre éste y el Castillo, se erige el Palacio del Segundo Cabo. En la Plaza se erige la figura de Carlos Manuel de Céspedes, independentista cubano. A diario tiene lugar un mercado de libros de segunda mano.

Saliendo de la Plaza de Armas, tomaremos camino por la calle Obispo, una de las más pintorescas de la parte vieja, en las que nos podremos encontrar edificios como el de la mercería “La Muñequita”, la farmacia “Taquechel”, una de las más antiguas de la ciudad, o el restaurante Floridita.

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Mercería La Muñequita
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El mítico Floridita

Elegimos para comer uno de los restaurantes de esa calle, “Lluvia de Oro”, donde tras esperar al menos una hora bien cumplida, nos sirvieron un arroz con camarones y queso. Al menos la espera fue amenizada por un grupo de cubanos que tocaban, sacaban a los clientes a bailar y pedían propina por su labor. Los cubanos se quejan de que los españoles comemos muy tarde. Ellos lo hacen entre las 13:00h y las 15:00h. Por cierto, repasad bien las cuentas porque suelen equivocarse bastante, siempre a su favor ¡qué casualidad!

Cerca del Floridita se encuentra el Parque Central, donde se erige la estatua de José Martí, tan repetida en todo rincón cubano, y “responsable” de que en España se utilice la expresión: “¡¡¡más se perdió en Cuba!!!”

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La avenida Prado o Paseo de Martí divide la Habana Vieja de la Habana Centro.

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Paseo de Prado

En las inmediaciones del Capitolio podemos ver los típicos coches antiguos, llamados “almendrones”, “máquinas” o “fotingos”. Éste último lo utilizan para referirse a aquellos que están muy muy viejos o más deteriorados. Quien tenga una máquina tiene un buen medio de vida, pues son utilizadas fundamentalmente para “botear”, es decir, recoger a gente que “hace botella” (dedo o autostop), funciona como un taxi, aunque algunos también los alquilan a turistas. El pasado año vimos un programa de televisión que se llamaba “Cuba Car Club” en el que se mostraban las peripecias e ingenio de los cubanos a la hora de reparar estos almedrones: algunos llevan piezas de electrodomésticos, otras hechas a mano por hojalateros cuyo patrón era un recorte de cartón. Como decía Wilfredo (el bicitaxista) “si no hay líquido de freno, le echamos el caramelo que sale de derretir el azúcar”. El caso es que anden y ya está. Por cierto, los lugareños tienen un curioso lenguaje gestual a la hora de parar a los almendrones. Dependiendo del gesto que haga el cliente en relación al destino al que desea ir, el conductor del almendrón parará o no si le coincide con la ruta que está siguiendo en ese momento.

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El Capitolio: un emblemático edificio de 1929, inspirado en el estadounidense (no lo pueden negar), así como en el Panteón de París y su cúpula en la Basílica de San Pedro de Roma.

Nos contó la anfitriona de la casa en la que nos hospedamos, que la intención es trasladar la sede de gobierno a éste una vez que finalicen las obras.

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Al lado del Capitolio, uno de los edificios más bellos de La Habana, y totalmente rehabilitado “El Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso”. Antigua “Hermandad Gallega” o “Centro Gallego”. Ya tenía que haber sido un número considerable de gallegos emigrados a la isla para haber tenido semejante edificio representativo… Y es que casi no hay gallego que no tenga o haya tenido un familiar en Cuba. Mi abuelo materno sin ir más lejos, fue un emigrante más en estas tierras.

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Frente al Capitolio se encuentran unas casas de colores con unos soportales, donde solemos ver turistas agolpados esperando mesa para el Restaurante “Los Nardos” y otros que están a su alrededor. Esa acera tapada por los soportales es llamada “Acera Gallega”, así la nombraron mediante la colocación de una placa en uno de los viajes que el Señor Manuel Fraga, siendo presidente de la Xunta de Galicia, se dedicó a hacer a la isla.

Pero ya nos estamos desviando de la Habana Vieja, así que tomamos camino, para coger el ferry a Casablanca y asistir al Cañonazo de las 9:00h en San Carlos de la Cabaña, la intención era llegar antes de las 18:00h, pues la entrada a la fortaleza nos saldría a 6 CUCs y no a 8. Pero una tormenta nos lo impidió así que tras resguardarnos como pudimos, declinamos la idea y vagamos por las calles de la Habana Vieja. Encontramos una curiosa perfumería “Habana 1791” donde el producto es de fabricación propia artesanal, en la esquina entre Obrapía y Mercaderes.

Así como una mezquita en la calle Oficios, muy cerca de la Plaza de Armas.

Y poco a poco fue cayendo el sol y llegando la noche. Elegimos para cenar el restaurante “La Mina” en la Plaza de Armas, donde también nos la quisieron “meter doblada” cobrándonos un 10% adicional que se habían sacado de la manga, y que afirmaban advertirlo en la carta. Aún tuvo el camarero el valor de mostrárnoslo señalándolo en la carta en inglés donde ponía : “chicken with…” Éste se cree que somos tontos…

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