Ir a Cuba y no ver Trinidad es como comer unos macarrones sin salsa o una pizza sin queso.

Trinidad es un hervidero artístico: música, baile, galerías de pintura…, además de ser una bellísima ciudad colonial, de las mejor conservadas de Cuba. Las plantaciones de azúcar de sus alrededores (Ingenios o Haciendas) explotadas por colonos españoles, hicieron de Trinidad una ciudad rica en la que cada familia competía por tener la vivienda más ostentosa, y aunque a día de hoy se muestre cierta decadencia, sigue siendo joya arquitectónica y Patrimonio cultural de la Unesco junto con el Valle de los Ingenios desde 1988.

El empedrado de sus calles hizo que entrásemos en el casco histórico dando botes con el coche, poniendo a prueba sus amortiguadores.

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LLegamos a media tarde después de conducir casi dos horas desde El Nicho, y rebotados de Casa Valladares, fuimos a parar a Casa Cantero, pues en la primera, no habían anotado nuestra reserva (confirmó el cuñado y se le olvidó a la muchacha anotarlo en la agenda…, eso dijeron, y ahora la muchacha ya no trabaja acá…). Total que nos mandaron a otra (la segunda vez que nos pasa, pero no habrá dos sin tres…,ja,ja).

Accedimos a la casa por una puerta, pasamos por cocina, salón, otra cocina, un pasillo, salón y salimos por otra calle… ¡Qué laberinto mija! “e que acá somos todos familia y tiramo tabique pa estal junto” Así son los cubanos, muy familiares.

La casa está ubicada en pleno casco histórico, cerca del Convento de San Francisco de Asís.

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Convento San Francisco de Asís

Próxima está también la Plaza Mayor, corazón del casco histórico, y al lado, la Iglesia de la Santísima Trinidad.

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Plaza Mayor
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Iglesia de la Santísima Trinidad

El Museo Romántico también se sitúa alrededor de esta Plaza. También llamado Palacio Brunet, propiedad de una de las familias más adineradas de la zona, que junto con los Iznaga, Béquer, Cantero y Borrell, hicieron fortuna en las haciendas o ingenios azucareros. Es un ejemplo de la arquitectura doméstica de los siglos XIII y XIX y en su interior alberga una suerte de un museo etnográfico de la época en el que se exponen muebles y exquisitas piezas (vajillas, platerías…).

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Museo Romántico (a la derecha)

No visitamos su interior, porque quizá pudiese ser prescindible si no hay demasiado tiempo, además, curioseando por entre las ventanas de las casas, podemos ver mobiliario de la época que seguro viene siendo similar.

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Interior de una casa colonial desde captado desde su ventana

Lo mejor es perderse por sus calles sin rumbo fijo y descubrir sus bellos rincones

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Pero lo que diferencia a Trinidad de otras ciudades, y lo que la hace única es su gran ambiente nocturno. Una ciudad llena de restaurantes, paladares, bares y otros lugares donde pasarlo bien. Y en el que no podía faltar tampoco la mítica “Bodeguita del Medio“.

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Bodeguita del Medio en Trinidad

A su lado otro clásico, la “Canchánchara“.

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La Canchánchara

La pequeña plaza junto a la escalinata que nos lleva a la Casa de La Música, comienza a llenarse de gente.

Y la música comienza a sonar en cualquier rincón. Hora de tomarse un mojito o la bebida típica “la Canchánchara”. Muy dulzona.

El hervidero artístico comienza a entrar en ebullición, las calles se iluminan y se llenan de gente. Los camareros se acercan a ofrecerte “el mejol mojito de Trinidad”, todos son los mejores mojitos, las mejores cancháncharas…, pero a la hora de pagar el vaso no era de ninguno de ellos, así que nos fuimos de la Plaza sin pagar….(es un secreto).

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En todos los locales podemos encontrar “live music” cubana en los que yumas (extranjeros) y cubanos se mezclan para echar un baile.

Después de la gran comilona en El Nicho, no pudimos cenar la primera noche, pero para la segunda elegimos un local que nos habían recomendado para La Habana: el “Jazz Café“. El restaurante funciona tipo buffet, pagas bebida y un plato y pillas lo que quieras para picar mientras esperas a que te sirvan, le echas la guarnición a tu gusto y  luego te tomas un postre, dos o tres…, todo por 10 CUCs por persona (aproximado), mientras disfrutas de un concierto, en nuestro caso de “Aire Fresco”, un grupo que fusiona el jazz con el son cubano y otros ritmos.

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Jazz Café
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Cerdo Manicero (izqda) y chuletillas de cerdo

Trinidad es la ciudad de la salsa, muchas casas de alojamiento ofrecen entre sus servicios el de clases de baile e incluso hay locales en los que se dedican a esto.

Locales animados hay muchos, pero sin duda, el que no se puede pasar por alto y es de obligado cumplimiento visitar es “La Casa de la Música“. El local en sí se encuentra en la cima de la escalinata de piedra de la Plaza Mayor. Ésta se acordona y se ponen mesas y sillas cual terraza de verano para quien quiera tomar algo, para pasar a la escalinata habrá que pagar un euro por persona, y en un pequeño rellano entre un conjunto de escaleras y otro, se monta una impresionante fiesta a diario.

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Y yo que me creía que sabía bailar, el fulano me dio mil vueltas ¡qué ridículo! Con éstos no hay quien compita… La noche no fue muy larga porque un corte de luz frustró la fiesta y empezó a marcharse la gente, y nosotros también.

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La mañana siguiente la dedicaríamos a ver el Valle de los Ingenios. Desde la estación sale un tren que hace el recorrido. Cuba es el país ideal para mi impuntualidad, porque en teoría la salida es a las 9:00h pero después acaba saliendo a las 9:20h como pronto. De todas maneras, antes hay que coger los billetes (10 CUCs) y con la cola que se forma buena falta hace el tiempo. La visita dura hasta las 15:00h.

La estación es un poco pintoresca, y en su interior hay colgadas fotos de los líderes (Fidel, Raúl y hasta Chávez)

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Estación de Tren

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Como en Trinidad cualquier lugar tiene “live music”, el tren no iba a ser menos, así tenemos quien nos ameniza el viaje con sus cantos, buscando propina de los turistas…

La primera parada será en la Hacienda Iznaga.

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La parada es de una hora, podremos visitar la Torre, echarle un vistazo al mercadillo que hay montado alrededor y visitar la Hacienda, que no deja de ser un bar restaurante.

Nosotros de momento optamos por tomar el producto típico, ya que estamos en la zona de plantación de azúcar, no puedes pasar sin probar el “guarapo“, el jugo de la caña, riquísimo y refrescante, dulce pero no empalagoso. Muy recomendable.

En el camino hacia la Torre hay unos puestos de mantelería y prendas de ropa, fundamentalmente de lino y algodón, en los que le compramos una vestidito a la sobrina. Igual que en los mercadillos de aquí, se pelean por venderte algo, y si miras un puesto y compras en el de al lado, la cubana del uno se enfada con la del otro…

Para subir a la Torre recuerdo pagar un CUC, todo más dos. Desde ésta se controlaba a los esclavos que trabajaban en la Hacienda.

Tras esta visita emprendemos camino de nuevo a la segunda y última parada: La Hacienda Guachinaga.

Aquí nos encontraremos con el grupo de las tres catalanas y nuestra paisana que conocimos en el paladar “Las Yagüas” de El Nicho. Ellas habían hecho la ruta andando desde Iznaga, siguiendo el tren tal como recomendaba la guía “Lonely Planet”, pero no cayeron en que hay puentes de hierro que se hacen incómodos de atravesar a pie…, eso de guiarse por el libro a rajatabla…

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Puente de hierro

En la Hacienda Guachinaga, pararemos hora y media. Se pueden hacer rutas a caballo, aunque nosotros dejaremos esto para hacerlo en Viñales, así que durante este tiempo daremos un rodeo por los alrededores, e incluso podremos pegarnos un baño.

En la Hacienda todo está preparado para el turista, y muchos se disponen a comer, pero ¿quién tiene hambre a las 13:30h después del tremendo desayuno de una casa cubana?, así que nos sentamos a tomar algo y echar un vistazo sus estancias.

Esta parada, a mi entender es un poco larga, pero ya lo hacen con la intención de que comas allí o consumas algo porque el lugar tampoco da para más…, por cierto, bastante caro todo…

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De nuevo vuelta y llegada a Trinidad a las 15:00h. Por cierto, en el tren también hay sandwiches, bocadillos y bebidas para matar el gusanillo. Está todo pensado…

Pasamos por la Plaza Carillo o Parque Central Céspedes, donde se encuentra  la iglesia de San Francisco de Paula y la Asamblea Municipal, vamos, el Ayuntamiento. Éste también se podría llamar “parque de las telecomunicaciones”, hay una Ectesa y varias cabinas telefónicas su alrededor.

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Y camino a Casa Cantero también pasamos por la escalinata que sube a la Casa de la Música…, parece mentira, el hervidero de gente que se junta por las noches y ahora…

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Casa de la Música (al fondo)

Después de cambiarnos, decidimos coger algo rápido para comer en Playa Ancón. Había que ver la que me dijeron, es la mejor playa de Cuba…, no os fiéis mucho, los cubanos dicen de todo lo suyo que es lo mejor, y luego dicen de los de Bilbao…

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Nosotros tomamos el camino más largo, y de hecho nos confundieron diciéndonos que estábamos en Ancón, cuando en realidad era Playa María Aguilar, un poquito antes por la carretera marcada en azul. Bellísima por cierto.

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Península Ancón, hacia Playa María Aguilar

Ya sé que parece mentira, pero con el buen día que hacía, nos sorprendió la lluvia. Nos dimos un baño en María Aguilar y conversamos con dos cubanos uno más madurito y un chavalito joven. No estaban de acuerdo con que Ancón fuese la mejor, ellos preferían los Cayos o Varadero: “del puente pa’llá, eso é Miami, mi helmano, eso é Miami” “Esas son playas a las que les guta ir a utedes, que no tienen hierbas (algas), que no hay cubanos..”

No sabemos si Playa Ancón será la más bonita de Cuba o no, para gustos…, lo que sí es cierto es que su bahía se vería muy bella si no fuese porque el clima se torció. Sería muy recomendable visitar el pueblo de Casilda y contemplarla desde allí. Nosotros nos conformamos con esta fotito que no se diferencia de otra playa cubana.

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Playa Ancón

Hoy aún nos espera otra noche trinitaria y mañana partiremos a Santa Clara pasando por Topes de Collantes.

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