A 70 kms al sur de Dakar y a 13 del turístico Saly (el “Varadero” senegalés), en plena “petite côte”, se encuentra la pequeña localidad de La Somone. Un pueblo tranquilo y con todos los servicios para disfrutar de una estancia agradable: hoteles, restaurantes, correos, oficina de cambio, supermercado etc…, pero sin el agobio de la masificación turística.

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Playa de La Somone
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barcas de pesca en La Somone

Un lugar ideal para el descanso donde además de disfrutar de playa, también podremos ver la verdadera vida cotidiana de sus habitantes: la llamada a la oración de su mezquita, el mercado diario del pescado, el correteo de los niños descalzos al jugar, los hombres que cada mañana salen a faenar…, en fin, la vida misma.

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Mercado diario del pescado en La Somone
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Niños jugando en la playa de La Somone

Pero el princital atractivo de La Somone reside en su laguna, paraíso natural de manglares y aves migratorias. A pie de la desembocadura del río Somone con el mar, encontraremos un agradable chiringuito de playa que para acceder a él habrá que pasar el río en barca, o si eres muy habilidoso, puedes cruzarlo nadando, pero la corriente no te lo va a poner nada fácil… Para ello contábamos con Jean Baptiste, que cada mañana al grito de ¡¡españolo!! nos acercaba en barca a su garito y nos acomodaba en una “casetita” con tumbona y mesa para comer un rico Thieboudienne o ceebu jen, que en wólof significa arroz con pescado, plato típico de la gastronomía senegalesa.

El chiringuito era de un hermano de Jean Baptiste que residía entre Francia y La Somone, y tenía una familia en cada una. Así que el hombre pasaba el verano en Francia, y el “invierno” al calor en Senegal…

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Chiringuito “Paradise Rasta ” en la laguna de La Somone
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En la playa de La Somone

Para recorrer la laguna se pueden alquilar piraguas, pero nosotros preferimos el paseo en barca con Jean Baptiste, quien hizo de guía por la maravillosa reserva natural.

El paraíso de manglares y arena es paradero de aves migratorias: pelícanos, garzas, flamencos, cormoranes... Lo malo es que solo podrás verlos desde lejos, pues a medida que te acercas, irán remontando el vuelo…

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Cormoranes en la laguna de La Somone
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Pelícanos en la laguna de La Somone

Entre los manglares es frecuente ver gente recolectando los moluscos que allí se crían: berberechos, ostras, etc… Incluso resulta una buena zona para la pesca, de ahí que veamos muchos pescadores cuya presa acabe en los chiringuitos a pie de playa.

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Niños recogiendo moluscos en la laguna de La Somone

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Jean Baptiste también nos enseñó un lugar con cierto misticismo dentro de la laguna. Se trata de un pequeño baobab al que bautizaron como el “baobab sacré“. El árbol sagrado tiene el poder de hacer cumplir los deseos de quienes lo visitan, pero antes habrá que hacer el ritual de entregarle una concha colocándosela en una de sus ramas, a saber…

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Baobab sagrado en la laguna de La Somone

La playa alrededor de la desembocadura del río en el mar es un verdadero hervidero de gente al atardecer. Se convierte en un lugar ameno donde verás a los locales disfrutar del agua, jugar y corretear, volar cometas… Aquí coincidimos con un chico de Ourense que jugaba con un negrito a dar toques a un balón… Y es que siempre hay un gallego en la luna…

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Desembocadura de la laguna en el mar

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Podremos ver ejemplares como estos tras un día de faena en el mar…

Y algunos osados que practican el deporte rey en el país, la lucha senegalesa.


¿Dónde alojarnos en La Somone?

Hemos de reconocer que recalamos aquí tras habernos topado con la página web de Hostal Donosti, un alojamiento regentado en aquel momento por un vasco, Javier Arbelaiz. Mantuvimos varias conversaciones por Skype con él y decidimos hospedarnos en su hostal y establecer allí nuestro campamento base.  La experiencia fue totalmente negativa, ya que, si bien gozaba de muy buenas críticas en foros, a Javier lo debimos de pillar en horas bajas. Al poco tiempo el alojamiento pasó a manos de un amigo suyo, Ricardo, y a juzgar por los comentarios actuales, el hostal debe de funcionar mejor.

Tras unos días en el anterior, pasamos una noche intermedia en el África Queen Hotel, el doble de precio, pero claro, muchísimas más comodidades…, hasta acceso directo a la playa

Y por último, el descubrimiento de un hotel que hizo muy agradable nuestra estancia en La Somone: el Hotel J’aime Senegal: un alojamiento regentado por un italiano, el Sr Rossa, casado con una senegalesa, de cuya hospitalidad nos ha quedado un grato recuerdo, sobre todo de su niña María Antonella, una pequeña muy educada y hacendosa que ayudaba a sus padres a tratar con los huéspedes, incluso a veces nos ponía el desayuno…

El precio era, al cambio, no llegaba a 10 euros/noche respecto al hostal Donosti y no había ni punto de comparación… Totalmente recomendable.

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Piscina y patio del hotel J’aime Senegal

La Somone es un lugar tranquilo para hospedarse y muy bien ubicado para hacer excursiones a puntos interesantes de la zona (Mbour, Joal Fadiouth y la isla de las conchas, delta del Saloum, la reserva natural de Bandia…, incluso Dakar y la isla de los esclavos). Así que…, totalmente recomendable.

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